CARLOS GUEVARA MANN
18/06/2014 - Se atribuye a Albert Einstein aquello de que “es locura hacer lo mismo una vez tras otra y esperar resultados diferentes”. Sería entonces locura escoger a los constituyentes según las reglas que se aplican a la elección de diputados y esperar que el producto sea distinto a las asambleas que hemos tenido desde 1984, cuando se instituyeron dichas reglas.
Dice el artículo 314 de la Constitución que el Tribunal Electoral deberá establecer “el sistema electoral aplicable a la elección de constituyentes”. Agrega el artículo 378 del Código Electoral que “La elección de constituyentes se realizará de acuerdo con las normas del presente Código que rigen los procesos electorales generales, en lo que resulten aplicables”.
Entre las normas aplicables, una de las que más impacto tiene sobre la calidad de los diputados es la que atañe al tamaño de las circunscripciones electorales. Una y otra vez se repite la queja de que los diputados actúan como “representantes de corregimiento”. ¿Cómo se van a comportar, si las unidades donde se los elige se asemejan más a corregimientos que a circuitos adecuados al escogimiento de miembros de una asamblea nacional? El artículo 314 señala que los constituyentes “deberán representar proporcionalmente a los panameños de todas las provincias y comarcas”, pero no estipula que se los elegirá en circuitos provinciales y en una gran circunscripción nacional. Así debería ser para procurar que quienes ganen la votación tengan visión de estadistas.
Si se permite que a los constituyentes se los escoja en unidades como aquellas en las que actualmente se elige a los diputados, la convención resultante será una asamblea de representantes de corregimiento (un rotundo fracaso). Si se escogen tanto en un circuito nacional como en unidades provinciales, habrá más posibilidades de mejorar la idoneidad del elemento que concurra a la convención constituyente.
Si de los 60 delegados que tendría la convención se eligen 10 en un circuito nacional, quedarían 50 por elegir en las provincias y comarcas, a fin de garantizar que las localidades estén debidamente representadas en la asamblea constituyente. Estas 50 curules se distribuirían entre las provincias y comarcas de acuerdo con las cifras del censo de 2010 el cual, aunque presenta problemas, provee una base legal para este tipo de ejercicios
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El resultado sería el siguiente: 1 delegado para Kuna Yala, Darién-Emberá Wounaan y Los Santos; 2 constituyentes para Herrera, Bocas del Toro y Ngäbe Buglé; 3 delegados para Veraguas y Coclé; 4 constituyentes para Colón; 6 para Chiriquí, y 25 para Panamá.
Esta fórmula tomaría en cuenta la población total del país (no solamente la población electoral, como equivocadamente lo dispone el artículo 314), También reflejaría, de manera más fidedigna, la distribución de la población nacional que el sistema que se usa en la elección de diputados (sesgado hacia las áreas de menor población). Además, permitiría una mayor proporcionalidad en la asignación de escaños. Este último punto es particularmente importante.
La representación proporcional es, en teoría, un mecanismo para procurar que las principales corrientes de opinión tengan presencia en la cámara deliberativa en la misma proporción de los votos que cada una recibe en la elección.
Evidentemente, la representación proporcional solo puede aplicarse en circuitos que eligen más de un miembro. (No se puede dividir un escaño entre 2, 3 o 4 partidos). Por ello, los sistemas proporcionales funcionan con circuitos plurinominales. En Panamá, sin embargo, tenemos una proliferación de circuitos uninominales. En esos circuitos solo cuenta el voto que se emite a favor del candidato ganador; los otros votos se pierden. Los sistemas proporcionales buscan reducir esta pérdida en la mayor medida posible, a fin de asegurar un mejor equilibrio y una adecuada representación de las principales tendencias e ideas políticas.
La llamada “ingeniería electoral” es materia densa, pero no por ello pueden los ciudadanos dejar de prestarle atención. Si la toma de decisiones al respecto de esta temática se deja en manos de los autodenominados “expertos” incrustados en el engranaje estatal, el riesgo que corremos es que la convención constituyente que el presidente Varela desea convocar, en cumplimiento de su compromiso de recomponer los fundamentos institucionales de la república, termine siendo una asamblea de ignorantes, cretinos, pandilleros y truhanes.
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